Memorias – Lugares en el corazón Memories – Places in the heart

[Este es un puesto bilingue – This is a bilingual post. English is below.]

¿Hay un lugar en el mundo, diferente de tu hogar o residencia actual, que ha enraizado en tu corazón? ¿Qué es el lugar y cómo te ha afectado? Creo que todos nosotros llevan en nuestros corazones un lugar especial donde no podemos vivir sino sólo visitar de vez en cuando o tristemente una vez en nuestras vidas. Para mí, lo es Puebla, México. ¿Qué es tuyos?

Cuando era estudiante de español, viví con una familia en un barrio de Puebla. Viví con la misma familia cada vez, una pareja casada de muchos años, llenada con el fuego de vida. Siempre, viví con ellos durante el fin de abril y el principio de mayo. Durante el período de cuatro breves inmersiones en español, me enamoraba con la gente de la ciudad.

Juntos visitamos sus amigos en el campo, compramos vegetales en los abastos, disfrutamos visitas con los vecinos, celebramos Cinco de Mayo y el Día de la Madre. Ellos me introdujeron a sus amigos y vecinos así que, después cuatro años, ellos vinieron a ser mis amigos, también.

Nosotros formamos los lazos de amistades que lo hacían imposible olvidarles. Mientras, ellos me ayudaron aprender español y las costumbres de la cultura. En tiempo, me sentía como un habitante de Puebla.

Puebla es una ciudad de una primavera perpetua igual una chica que no llegar a ser vieja. Los árboles de jacaranda florezcan y sus ramas produzcan las nubes de flores lavandas. Cada día, cuando caminaba yo a lo largo las calles residenciales hacia el Centro histórico, pase los arbustos podan en las formas de conejos, espirales, canastas y – increíblemente – uno como una casa de pájaros

Hay un gran Zocalo – una plaza central – donde comienzan las calles y avenidas principales según al plan de los españoles. Aquí está donde la ciudad – la gente poblana – encontrarse para negocios, conciertos, protestas, entretenimientos, amores y diversiones. Un domingo, con mi familia anfitriona, pasamos una tarde en los sombras de los árboles mirando la escena y leyendo La Reforma. Aquí está donde me siento como poblano.

Al lado el Zocalo está la Catedral de la Concepción Inmaculada, un edificio masivo de piedras grises. La piedra primera estuvo puesto en 1575 y la última en 1690. Los torres de campanas son los más altos en todo de México. A pesar de la apariencia severa, la interior es un espacio de luz – no solo la luz del sol pero un sentido de luz espiritual, también, que afecta cada persona que visita.

Una vez, con un amigo – un sacerdote y estudiante de español – paramos en la catedral para orar en la interior tranquila. Mientras me arrodillé en el banco, mi compañero endecha propensa en el piso en una acción de mucha humildad. Después pocos minutos, una docente me tocó en el hombro.

“¿Está el hombre enfermo?” ella pidió.

“No. Él es un sacerdote y él ora en esta manera,” contesté.

Ella se encogió sus hombros y salió.

Tenía muchas experiencias simples, mundanas pero memorables como esto. Ellas son eventos pequeñísimos, ordinarios y comunes que formaron la fábrica rica de mi cariño para Puebla.

A pesar de los grandes edificios de Puebla, los museos, ruinas e iglesias, en el fin lo es la gente que viva en mi corazón. Ahora, cuando voy a México, mi ruta pasa por Puebla. Es el sueño del viajero tener la libertad sin cualquier obligación y compromiso. Para mí, es difícil sino imposible amar un lugar sin amando primera la gente que viva ahí.

¿Qué es tu experiencia?

Memories – Places in the heart

Is there a place in the world, different from your home or your current residence that has sunk roots in your heart? What is that place and how has it affected you? I think that we all carry in our hearts a special place where we can’t live but can only visit now and then or, sadly, only once in our lives. For me, that place is Puebla, México. Why do you have a special place in your heart? What is it?

When I was a student of Spanish, I lived with a family in a Puebla neighborhood, an older married couple filled with the fire of life. I always lived with them during the end of April and the beginning of May. During four, brief Spanish immersions, I fell in love with the people of the city.

Together we visited their friends in the country, bought vegetables at the huge outdoor market, visited with the neighbors, celebrated Cinco de Mayo and the Mexican Mother’s Day. They introduced me to their friends and neighbors so that, after four years, they came to be my friends, too.

We formed bonds of friendship that make it impossible to forget them. Meanwhile, they helped me learn Spanish and the customs of the culture. In time, I felt like a resident of Puebla.

Puebla is a city of perpetual spring like a girl who never grows old. The jacaranda trees bloom and their branches produce clouds of lavender flowers. Each day, I used to walk along the residential streets toward the historic center, passing bushes pruned into the form of rabbits, spirals, baskets and – incredibly – a birdhouse.

There is a large Zocalo – the central plaza – where the streets begin according to the Spaniards’ plan. Here is where the city – the people of Puebla – meet for business, concerts, protests, entertainment, love affairs, and diversions. One Sunday my host family and I passed the afternoon in the shade of the trees watching the scene and reading La Reforma. Here is where I feel like a poblano – a person of Puebla.

The Cathedral of the Immaculate Conception is next to the Zocalo, a massive building of gray stones. The first stone was laid in 1575 and the last in 1690. The bell towers are the tallest in all of Mexico. Despite its severe appearance, the interior is a place of light – not only the light of the sun but a feeling of spiritual light, also, that affects every person who visits.

Once, with a friend – a priest and Spanish student – we stopped in the Cathedral to pray in the tranquil interior. While I knelt in the pew, my companion lay prone on the floor in an act of great humility. After a few minutes, a docent tapped me on the shoulder.

“Is the man ill?” she asked.

“No. He is a priest and he prays this way,” I answered.

She shrugged and left.

I had many simple, mundane but memorable experiences like this. They are small, ordinary, and common events that make up the rich fabric of my affection for Puebla.

Despite the great buildings in Puebla, the museums, ruins, and churches, in the end the people stay in my heart. Now, when I go to Mexico, my route of travel passes through Puebla. The traveler’s dream is liberty without any obligations or commitments. For me it is difficult if not impossible to love a place without loving the people who live there.

What is your experience?

¿Hay un lugar en el mundo, diferente de tu hogar o residencia actual, que ha enraizado en tu corazón? ¿Qué es el lugar y cómo te ha afectado? Creo que todos nosotros llevan en nuestros corazones un lugar especial donde no podemos vivir sino sólo visitar de vez en cuando o tristemente una vez en nuestras vidas. Para mí, lo es Puebla, México. ¿Qué es tuyos?

Cuando era estudiante de español, viví con una familia en un barrio de Puebla. Viví con la misma familia cada vez, una pareja casada de muchos años, llenada con el fuego de vida. Siempre, viví con ellos durante el fin de abril y el principio de mayo. Durante el período de cuatro breves inmersiones en español, me enamoraba con la gente de la ciudad.

Juntos visitamos sus amigos en el campo, compramos vegetales en los abastos, disfrutamos visitas con los vecinos, celebramos Cinco de Mayo y el Día de la Madre. Ellos me introdujeron a sus amigos y vecinos así que, después cuatro años, ellos vinieron a ser mis amigos, también.

Nosotros formamos los lazos de amistades que lo hacían imposible olvidarles. Mientras, ellos me ayudaron aprender español y las costumbres de la cultura. En tiempo, me sentía como un habitante de Puebla.

Puebla es una ciudad de una primavera perpetua igual una chica que no llegar a ser vieja. Los árboles de jacaranda florezcan y sus ramas produzcan las nubes de flores lavandas. Cada día, cuando caminaba yo a lo largo las calles residenciales hacia el Centro histórico, pase los arbustos podan en las formas de conejos, espirales, canastas y – increíblemente – uno como una casa de pájaros

Hay un gran Zocalo – una plaza central – donde comienzan las calles y avenidas principales según al plan de los españoles. Aquí está donde la ciudad – la gente poblana – encontrarse para negocios, conciertos, protestas, entretenimientos, amores y diversiones. Un domingo, con mi familia anfitriona, pasamos una tarde en los sombras de los árboles mirando la escena y leyendo La Reforma. Aquí está donde me siento como poblano.

Al lado el Zocalo está la Catedral de la Concepción Inmaculada, un edificio masivo de piedras grises. La piedra primera estuvo puesto en 1575 y la última en 1690. Los torres de campanas son los más altos en todo de México. A pesar de la apariencia severa, la interior es un espacio de luz – no solo la luz del sol pero un sentido de luz espiritual, también, que afecta cada persona que visita.

Una vez, con un amigo – un sacerdote y estudiante de español – paramos en la catedral para orar en la interior tranquila. Mientras me arrodillé en el banco, mi compañero endecha propensa en el piso en una acción de mucha humildad. Después pocos minutos, una docente me tocó en el hombro.

“¿Está el hombre enfermo?” ella pidió.

“No. Él es un sacerdote y él ora en esta manera,” contesté.

Ella se encogió sus hombros y salió.

Tenía muchas experiencias simples, mundanas pero memorables como esto. Ellas son eventos pequeñísimos, ordinarios y comunes que formaron la fábrica rica de mi cariño para Puebla.

A pesar de los grandes edificios de Puebla, los museos, ruinas e iglesias, en el fin lo es la gente que viva en mi corazón. Ahora, cuando voy a México, mi ruta pasa por Puebla. Es el sueño del viajero tener la libertad sin cualquier obligación y compromiso. Para mí, es difícil sino imposible amar un lugar sin amando primera la gente que viva ahí.

¿Qué es tu experiencia?

Memories – Places in the heart

Is there a place in the world, different from your home or your current residence that has sunk roots in your heart? What is that place and how has it affected you? I think that we all carry in our hearts a special place where we can’t live but can only visit now and then or, sadly, only once in our lives. For me, that place is Puebla, México. Why do you have a special place in your heart? What is it?

When I was a student of Spanish, I lived with a family in a Puebla neighborhood, an older married couple filled with the fire of life. I always lived with them during the end of April and the beginning of May. During four, brief Spanish immersions, I fell in love with the people of the city.

Together we visited their friends in the country, bought vegetables at the huge outdoor market, visited with the neighbors, celebrated Cinco de Mayo and the Mexican Mother’s Day. They introduced me to their friends and neighbors so that, after four years, they came to be my friends, too.

We formed bonds of friendship that make it impossible to forget them. Meanwhile, they helped me learn Spanish and the customs of the culture. In time, I felt like a resident of Puebla.

Puebla is a city of perpetual spring like a girl who never grows old. The jacaranda trees bloom and their branches produce clouds of lavender flowers. Each day, I used to walk along the residential streets toward the historic center, passing bushes pruned into the form of rabbits, spirals, baskets and – incredibly – a birdhouse.

There is a large Zocalo – the central plaza – where the streets begin according to the Spaniards’ plan. Here is where the city – the people of Puebla – meet for business, concerts, protests, entertainment, love affairs, and diversions. One Sunday my host family and I passed the afternoon in the shade of the trees watching the scene and reading La Reforma. Here is where I feel like a poblano – a person of Puebla.

The Cathedral of the Immaculate Conception is next to the Zocalo, a massive building of gray stones. The first stone was laid in 1575 and the last in 1690. The bell towers are the tallest in all of Mexico. Despite its severe appearance, the interior is a place of light – not only the light of the sun but a feeling of spiritual light, also, that affects every person who visits.

Once, with a friend – a priest and Spanish student – we stopped in the Cathedral to pray in the tranquil interior. While I knelt in the pew, my companion lay prone on the floor in an act of great humility. After a few minutes, a docent tapped me on the shoulder.

“Is the man ill?” she asked.

“No. He is a priest and he prays this way,” I answered.

She shrugged and left.

I had many simple, mundane but memorable experiences like this. They are small, ordinary, and common events that make up the rich fabric of my affection for Puebla.

Despite the great buildings in Puebla, the museums, ruins, and churches, in the end the people stay in my heart. Now, when I go to Mexico, my route of travel passes through Puebla. The traveler’s dream is liberty without any obligations or commitments. For me it is difficult if not impossible to love a place without loving the people who live there.

What is your experience?

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